Nueve partidos, dos puntos: el momento de arriesgar. Por María Suárez

MARÍA SUÁREZ

La plantilla del Real Oviedo no estaba entre las mejores, es más, la mitad de los fichajes eran una incógnita -con resultados y rendimientos muy dispares-. Anquela advertía constantemente sobre la desigualdad cuantitativa -juegan 13 o 14- y la cualitativa del plantel respecto a otros equipos, todos ellos con presupuestos inflados por ingresos tangibles y no sólo por la presunción de riqueza que te da el nombre. Pero el jienense firmó también que iría a muerte con ellos: quedan nueve partidos y dos puntos a recortar para hacerlo.

Me temo que incluso sabíamos que en algún momento nos iba a faltar un delantero referencia, de los que marcan la diferencia o llegan en su mejor momento para romper esquemas. Con un equipo en dificultades, peleando a veinte metros del área, Toché se aleja del gol, ese mismo al que se acerca cuando el sistema le nutre de balones entre el portero y la defensa, donde se cuecen las dudas. Las de todos menos las suyas.

La presencia en el área está siendo el mayor de los problemas. Sorprender al rival 33 partidos después y con los plomos bajados en alguna de las posiciones claves es harto complicado, pero igual es que el equipo ya no es el que era hace diez o quince, y eso puede ser muy malo, o una nueva oportunidad para que no sepan frenarte en las nueve jornadas que quedan. Para que no te vean venir si te lo crees.

Tras la victoria ante el Granada me repetía constantemente aquello con lo que nos abordaron los economistas cuando nuestros bolsillos se vaciaban y la estabilidad tal y cómo la veníamos conociendo durante décadas desaparecía: de las crisis nacen las oportunidades. Cuentos, pero con su parte de razón. Anquela lo asimiló allá por la jornada 13, en la que derrotó al CD Lugo con los carrileros como azote e instauró la defensa de 3+2 para desbordar por banda y adelantar por la izquierda a todos los rivales.

Entonces se buscó una reacción y se logró. Igual ahora, con Fabbrini entre los más desequilibrantes y varios de los jugadores franquicia de ese sistema bajos de forma, es la hora de morir matando con el dibujo que el jienense tenía en mente: el italiano en la mediapunta, surtiendo de balones de esos que entran llorando, pescando los rechaces para otros y tratando de romper no, devorar, las líneas. Como en León. Como en los quince fugaces minutos de pretemporada en los que todo eso tuvo sentido. Ese sueño de verano de Anquela.

No sé si será en Lugo, pero Toché necesita balones al área para anotar como Berjón necesita a Mossa para desbordar. Verle tan lejos del área, con el mono de trabajo de Linares puesto hace que tus dos delanteros sean el mismo, y tus variantes menores. Somos una media de miles de entrenadores, especializados en diferentes posiciones y esquemas, y nunca nos pondríamos de acuerdo, ni sería justo tener en cuenta lo que especulamos por delante y lo que aventajamos al hablar por detrás de los hechos. Pero cuando lo tienes tan cerca y vas tan justo, descolgándote por momentos, la presión debe ser convertida en descaro.

Como el de Viti, como su fallo -el de todos- y ese punto perdido, que no le duele a nadie a estas alturas. Que te gane el Alcorcón por ir a ganar. Que nos quedemos fuera porque los demás son mejores, pero que no nademos para morir en la orilla cargados de equipaje. Aquí se viaja ligero, y de perder, que sea con todo. Que sea quedándote casi sin nada más que probar. Nueve partidos y dos puntos: vuelve a ser la hora de arriesgar.

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