Moviolagol Real Oviedo 1 – Cádiz 1

Diego Cervero, Michael Jordan y Carlos Santillana.

Por David Gallart Domingo

Cuando Borja Valle utilizó el interior de su pié derecho para centrar al corazón del área no había ningún “soldado azul” que positivara aquel envío. El balón viajaba como un satélite sin rumbo sobrevolando enormes montes de color amarillo. El Monte Airam, el Monte Tomás, el Monte Josete y el Monte Servando observaban con tranquilidad aquel esférico blanco que tarde o temprano terminaría estrellándose en uno de ellos. Pero de repente un águila azul de ojos ensangrentados y pico afilado irrumpió en medio de aquella cordillera.

Diego Cervero, que tiene ese “gps” interior que le lleva siempre al punto exacto donde se producirá el aterrizaje del balón, utilizó su cerebro para golpear la pelota y enviarla con virulencia al fondo de la red. Por un momento se paró el tiempo en el Tartiere. La imagen de dos leyendas de diferentes deportes y distintos continentes se habían juntado en aquel tipo de pelo corto y grandes patillas. El vuelo de Cervero fue exactamente el mismo que el de Michael Jordan en su logo de “air” y el testarazo marcando los tiempos y girando el cuello recordó a todo el mundo las imágenes de Carlos Santillana en sus mágicas noches europeas.

Cervero lo había vuelto hacer. Como en una película de artes marciales, el héroe había derrotado a cuanto enemigo de color amarillo le rodeaba.

Tras salir del banquillo como un perro de presa al que desencadenan y realizar una transfusión de sangre en forma de ánimos a sus 10 compañeros, obtuvo la recompensa que siempre ansía. El Gol. Su “garra”, su “sangre” y sus “vísceras” persiguen a todo enemigo que posea el trofeo que tiene que recuperar y que sólo a él pertenece. El balón.

Y por si no quedaba clara su ambición y sus rivales amarillos no tuviesen ya suficiente terror, tras alojar a su trofeo en su madriguera, mira con rabia y complicidad al tendido frente al que se pone a hacer flexiones, después una sesión de directos de derecha contra el césped y finalmente reclama a todos más gritos, más aplausos, más presión. Nadie se le puede negar. Nadie le dice que no.

Los de amarillo, aterrados y con las piernas todavía temblorosas comentan entre sí: “yo a ese tío lo querría tener siempre en mi equipo”.

Así es Diego Cervero, un cerebro rematador y unas vísceras que persiguen a un esférico blanco que le pertenece.

Playoff Ascenso a 2ª - Real Oviedo, 1 - Cádiz CF, 1 - Diego Cervero, 1-1 (81')JPG

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