Los recogepelotas del España – Malta

EDITORIAL

El próximo 25 de Mayo se cumplirán 10 años del desastre de Caravaca.

A pesar de la épica en la vuelta y de estar a punto de lograrlo, el Real Oviedo dejó tirada la eliminatoria en la ida, a 850km de la capital del Principado y ante más de 1000 fieles seguidores que asistieron al partido en tierras murcianas.

Muchos de ellos presos de la cólera que les embargó al finalizar el encuentro, se acercaron a los vestuarios a increpar al “lobo” Carrasco, aquél experimento de entrenador mediático que no sería ni el primero ni el último en sentarse en el banquillo del Carlos Tartiere, y sobre el que los aficionados descargaron toda su ira.

Entre insultos, recriminaciones, y recuerdos de perlas que había dejado en la sala de prensa durante la temporada, una voz destacaba por encima del resto de aficionados rodeados de policia que se agolpaban junto a la valla cercana al vestuario. “¡No pasa nada Lobo, en la vuelta salimos con los recogepelotas, como en el España Malta!”

Coincidiendo con año de Eurocopa, la que a la postre se llevaría la selección española a sus vitrinas, los periodistas tiraban de viejas historias de pasadas eurocopas para ir calentando. Uno de aquellos reportajes, emitido en TVE hablaba del legendario 12-1 a Malta, uno de los integrantes de la selección española en aquél partido fue “Lobo” Carrasco, así que paseando por el Fontán, forzandose a escanciar culines de sidra y en ambiente campechano, el “Lobo” se vino arriba ante las cámaras para desvelar que el secreto de aquella épica victoria fueron los recogepelotas.

Uno de los mayores misterios de la historia del fútbol español desvelado entre cajas de sidra en plena plaza del Fontán, algo inaudito, pero así fue como “Lobo” Carrasco afirmó ante la cámara de televisión española que “un partido de fútbol tiene 90 minutos” (hasta ahí todo correcto) “pero realmente el balón no está en juego más de 40, por lo que la estrategia fue llenar el Sanchez Pizjuán de recogepelotas para desde que empezase el partido no se perdiese ni un solo segundo, así llegamos a lograr que el balón estuviese en juego 80 minutos y lograr la gesta”

Aquella revelación entre culín y culín dió para bromas en la grada del Tartiere durante semanas, pero fue en Caravaca donde aquél aficionado abandonó su paciencia con el entrenador para preguntarle irónicamente si en el partido de vuelta iba a salir con los recogepelotas para lograr la remontada.

Desde que el Real Oviedo tocó el fondo pantanoso de la tercera división hemos visto como hasta el equipo mas temible perdía tiempo de forma descarada incluso con un 0-0 en el marcador. La tercerización que sufrimos hizo que nos acabásemos acostumbrando a ver a jugadores fingir lesiones en los minutos finales, y reconocer que aquello de las épicas en el último segundo iba a ser muy difícil para nosotros. Por algo el gesto de Diego Cervero estirando la pierna al jugador del Cádiz se convirtió al momento en un icono, poco más podíamos hacer ante la picaresca del rival.

Por su parte, el mágico Real pocas veces ha tenido la picaresca de entrar en esas pantomimas para arañar segundos de oro, e incluso en más de una ocasión nos hemos llevado el palo de ver como se nos escapaban puntos de oro por no “matar” el partido con eternos cambios, lesiones, balones que nadie recoge y demás artimañas. Pero si bien este equipo que sigue arrastrando el pesimismo de la “tercerización” con una afición que vive en una montaña rusa de emociones la semana no ha logrado crear un caracter a lo largo de los años, si que se ha mantenido fiel a no entrar en ese juego barato de patio de colegio al que muchos visitantes nos tienen acostumbrados. En los últimos partidos eran muchos los aficionados que en redes sociales mostraban su orgullo al ver que aún jugándose la vida, el equipo no entraba al trapo de lo fácil. Incluso se puede recordar la pitada que sufrió Juan Carlos en el Carlos Tartiere el día que exageró un choque y se puso a perder tiempo en el suelo.

Es imposible no pensar que haría uno en esa situación, imagínense estar en el último partido de un play-off jugando en casa y subiendo por la mínima a falta de pocos minutos, ante el ansia general de que el arbitro pite el final, todos pediríamos a nuestros jugadores que perdiesen el tiempo que hiciese falta, que se les saliese una bota, que el balón saliese volando del estadio, que tuviese que entrar hasta la ambulancia al césped… por una vez seguro que no nos importaría lo más mínimo caer en ese juego, un día es un día, pero los años que lleva el Real Oviedo jugando limpio en esas cuestiones ya son muchos más de los que cualquier otro equipo puede presumir.

Quizás en los próximos partidos volvamos a estar tan atentos de nuestros recogepelotas como del once inicial planteado por Anquela.

En una de las últimas adquisiciones de fotografías antiguas para la colección de Real Oviedo Culture Fans, nos encontramos con este entusiasta recogepelotas que nos hizo recordar la historia del “Lobo” Carrasco, seguro que los recogepelotas del España – Malta trabajaron muy bien, pero ninguno tenía la pasión de este oviedista al celebrar los goles.

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