LA PIRÁMIDE DE MASLOW OVIEDISTA

La pirámide de Maslow se desplomó 60 años después de su publicación. Fue en Oviedo, y Abraham Maslow no tenía ni idea que su jerarquía de necesidades humanas quedaría en evidencia a través de un equipo de fútbol.

Según Maslow, las necesidades humanas se dividen en cinco niveles:
Necesidades fisiológicas, tales como respirar, alimentarse, descansar… las denominadas
Necesidades básicas que un ser humano pueda sobrevivir.
Necesidades de seguridad, tales como salvaguardar la seguridad física, la salud, los recursos o la vivienda.
Completados los dos primeros niveles, algo que lamentablemente en pleno año 2017 millones de personas no pueden superar si quiera, llegaríamos al tercer nivel.
Necesidades de afiliación, tales como la amistad, la familia, la pareja o la aceptación social por parte de otros.
Necesidades de reconocimiento, lograr una autoestima a través de los logros, libertades, dignidad, aprecio, atención, reputación gloria y éxitos de la persona.
Superados todos los niveles llegaríamos al quinto y final, la autorrealización en la que el ser humano llega lograr encontrar un sentido a la vida o la felicidad a través de desarrollar una actividad o una creatividad que logra satisfacerle.

A día de hoy, y aunque para muchas personas tener un móvil sea la base de su pirámide, la jerarquía de las necesidades humanas de Maslow sigue en vigencia, pero como decíamos, hace 14 años un equipo de fútbol hizo saltar por los aires toda la pirámide.

Lo que hasta la fecha para muchos era la felicidad del aficionado típico, que ignorante de la catástrofe que se avecina se contenta con sus necesidades básicas particulares derivó en tener que reestructurar toda la pirámide.

Para el oviedismo, en 2003, el mero hecho de poder salir a competir podríamos decir que aún mantenía la estructura de la pirámide de Maslow, y podríamos haberla aplicado de la siguiente forma:
Tener luz y agua en el requexón daba paso a que el equipo pudiese entrenar, por lo tanto competir y sentir el cariño y admiración de la afición, que apoyándole lograría el éxito de lograr victorias. Pero el hecho de sentir la amenaza cernirse sobre el equipo cada día hizo que eso no fuese así.

Mientras alguien buscaba un generador para tener luz, surgían enemigos que querían certificar la muerte del Real Oviedo.

Sobrevivir a los ataques se convirtió en algo vital, ya que muertos no habría pirámide que completar, y la sucesión acelerada de acontecimientos hizo que para el oviedismo solo existiese un nivel definido como espíritu de 2003.

Sobrevivir, asegurar ante la existencia del equipo, salvaguardarse de los ataques externos que pusiesen en peligro dicha existencia, la unión de todos los aficionados en una lucha común, y la necesidad de vencer en el terreno de juego.Nada más.

De no haber existido un engendro, de no haber existido un alcalde en contra, medios manipulados o burlas del resto, el trabajo hubiese sido más fácil, pero el Real Oviedo no podía vivir en una burbuja. Se asumió que las necesidades básicas, de protección, de éxito y realización eran una sola, y desde entonces así vivió el oviedismo hasta que pudo a pasar a subir lentamente los peldaños.

Pero el caso es singular por un hecho, dentro de esas necesidades oviedistas no se encontraba la venganza. Bien porque la sucesión de enemigos y afrentas fue constante o bien porque no se prefirió gastar fuerzas en otros aspectos. El caso es que para el aficionado del Oviedo no hubo un juicio de Núremberg tras el Holocausto que fue 2003. No hubo culpables que pasasen a la historia como los artífices, y el aficionado guardó un incomodo silencio, pero sin olvidar.

Gabino de Lorenzo se fue de rositas, los engendristas se escondieron entre el gentío y hoy parece que nadie fue socio de aquel equipo, la Federación Asturiana siguió a lo suyo sin problema alguno, Alberto Gonzalez se fue a tomar exóticos cocktails y la prensa directamente pasó a inflar a clics sus noticias gracias al poder del Real Oviedo en redes sociales.

Uno de los casos más sonados fue el que tuvo involucrado a “Marco el de teleoviedo” que tras sufrir una agresión durante una noche de copas señaló que fueron aficionados oviedistas, concretamente ultras del Real Oviedo los que le habían agredido. Se demostró que no fue así, pero el daño quedó ahí.

Por lo que cuando alguien habla de que el oviedismo es revanchista parece que tiene memoria de pez o que directamente no vivió aquellos años de miedo y asco en el barro.

Tantas veces se repite la palabra rival que ya hay que buscarla en el diccionario para saber lo que quiere decir:

rival
adjetivo/nombre común
[persona, grupo] Que compite con otros que aspiran a un mismo objetivo o a la superioridad en algo.

Desde el 2003 y el derrumbamiento de la pirámide de Maslow, el oviedismo no tiene rival, a través de ganar batallas y lograr sobrevivir ha demostrado que no compite con nadie por un mismo objetivo o la superioridad en algo. La causa oviedista es única en su especie por el mero hecho de sobrevivir y hacerlo con la sangre fría de no caer en un fail victimismo.

Por todo ello el Real Oviedo no tiene rival alguno, sigue teniendo enemigos aunque cada temporada sean nuevos.

Los que hoy nos atacan lo hacen igual que ayer con diferentes correas o formas, pero su objetivo es el mismo, nuestra desaparición.
Hoy los enemigos son los Tebas, los equipos que basan su existencia en su odio al Real Oviedo, los medios de comunicación que ven a los aficionados azules como un fácil reclamo para ganar visitas pero el mayor de todos es la memoria, el miedo a olvidar quienes fuimos, que nos hace ser quienes somos y forja el camino para saber lo que seremos.

Como decía aquella pancarta en 2003, “Oviedo no paga traidores” el oviedismo no olvida, pero es más inteligente que toda afrenta, y sabe que lo primero es la supervivencia, porque ya no hay rival ninguno, solo quedan enemigos.

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