INTROSPECCIÓN EN MALLORCA. Por Diego Campo.

En estos tiempos frenéticos de red social en la que nos hallamos, siempre es buena cosa disponer de tiempo para uno mismo. Se trata de hacer frente a los rigores de la vida moderna, tan hiperconectada, superficial y volátil. Por eso el domingo en Mallorca fue un día especial para Toché. El goleador dispuso de 90 minutos para la introspección, apenas distraído por el discurrir de un balón casi siempre lejano a sus dominios y aspiraciones. Ocurrió en contra de su voluntad y de la de sus compañeros, pero la vida es adaptarse.

Pocas sensaciones más frustrantes que las que despierta hacer un trámite administrativo. Lo mismo una cita en Hacienda que una llamada a tu operador telefónico, uno acude a esos lances con el alma rota por el desasosiego de saber que nada es suficiente. Para el centro del campo del Oviedo, Mallorca fue ese papel sellado que siempre falta, el contestador automático displicente. No, no y no. Claro que para los baleares, los de azul lograron ser lo suficientemente molestos como para no disfrutar pronunciando el ‘vuelva usted mañana’.

Si el hombre es la especie conocida más sofisticada es por su capacidad para hacer autocrítica firmando sentencias como ‘lo mejor fue el resultado’. No imaginamos aún al cliente reprochando a su abogado que pese haberle librado de la pena, su exposición de los hechos fue bochornosa por ausencia de ritmo, intensidad y fantasía. El Oviedo empató un partido que pudo haber perdido y jamás haber ganado. Hasta para señalar eso hay consenso, así que alegría.

Toché

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