Cuando las piezas encajan. Por María Suárez.

No hace falta que sea un fútbol vistoso, no hace falta tener a los mejores jugadores de la categoría en cada línea, ni tan siquiera es necesario que tu central sea un virtuoso con el balón en los pies, o que el punta tenga un físico prodigioso para estar en todos los sitios y aun así llegar con atino al desmarque correcto.

A veces un equipo se compensa de tal manera que los momentos de fútbol vistoso no se dan durante todo el encuentro pero, cuando se dan, son suficientes para desequilibrar al rival o ponerte por delante. A veces cada jugador es tan bueno en lo suyo que, haciendo eso, y ayudando al de al lado, la maquinaria funciona sin aparente esfuerzo. Y esfuerzo, hay mucho.

Táctico, el de Folch y Mariga, porque si el primero nos habría convencido para cualquier cosa tras su demostración de inteligencia en el pivote, el keniata se está ganando el reconocimiento de su experiencia, de su saber hacer. Y es que la incursión de Mariga cuando el equipo más necesitaba una pieza solvente en mediocampo es de esas silenciosas, casi imperceptible, pero que acaba cubriendo su zona y llegando a las necesarias. Con gran zancada, sin mucha velocidad, pero con un grandísimo criterio para buscar, tapar o ceder el balón.

Anquela le pide un paso adelante a los buenos; y parece que ese paso puede hacer retumbar toda la clasificación. Berjón ya se había echado el equipo a la espalda tras un inicio más renqueante en lo personal de lo que su calidad puede llegar a dar, y ahora Fabbrini, que no se parece a nada que hayamos visto en Oviedo en los últimos años, ‘gambetea’ por la frontal despistando y asociando para que cuando el balón no encuentra el camino para llegar a la última línea, acabe haciéndolo. Y qué importante va a ser que los balones lleguen al lugar de donde Toché no puede alejarse demasiado ya: el área.

Nada de esto valdría si no fuéramos sólidos cuatro pasos atrás; y es que a veces, entre tanta complejidad, en la que los defensas son de lo más goleador y los atacantes han de defender como si fueran el primer cierre, las cosas acaban pareciendo sencillas: los de alante combinan, asocian y marcan, y los de atrás cierran, taponan y cortan el aire en torno a un Alfonso que siempre da la talla. A ver si Mata no se convierte en Borja Iglesias el viernes, a ver si no parece Longo en la distancia.

A veces, el fútbol, que es harto complicado con tanto avance, parece de lo más sencillo. Y es sólo entonces, cuando sabes dónde está el compañero, cuando aprendes a soltarla y a buscar, cuando sabes en qué momento has de dejar tu sitio para cubrir la espalda del otro… es entonces, cuando las piezas encajan.

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