30 puntos

EDITORIAL

Alcorcón en casa, Lugo fuera, Nastic y Valladolid seguidos en casa, salida a Soria, contra el Lorca en el Tartiere, viaje a Pamplona, visita del Sevilla Atlético, invasión a León y cierre de calendario en el templo oviedista contra el Huesca.

Un calendario marcado a fuego desde hoy en la mente de todos, 30 puntos por disputarse, un mundo, una vida, la vida.

Da igual si el juego del equipo pasa por un bache, que parezca que no quedan fuerzas, las quejas sobre la estructuración de la plantilla, los arbitros o si el cuero no entra. Son 7 puntos de diferencia con el ascenso directo, parece una utopía, pero son 7 puntos de momento.

No hace falta ver algo con los ojos para creerlo, por muy cabal que sea una persona, durante un partido del Real Oviedo puede negar la mayor, jurar ante los dioses, los viejos y los nuevos, que ese balón no entró cuando cruzó sobradamente la cal, que ese agarrón no fue falta, o por el contrario bramar contra la familia de un arbitro pidiendo un penalty sabiendo de sobra que el jugador se dejó caer por si encontraba petróleo o lo que viene siendo lo mismo, una pena máxima. Lo hacemos todos, personas adultas y maduras, pero que se seguimos dejándonos llevar por el corazón. Aunque los ojos muestren una cosa, por un momento el corazón sigue dominando, ese momento suele ser el de más pureza para un aficionado, da igual lo que estés viendo, el corazón es el que dicta el camino, porque el corazón solo cree en la victoria, no desfallece jamás.

El fútbol no es algo razonable, no es cuestionable, y menos en Oviedo, las pasiones de cada uno saltan como un jarro de agua fría sobre una sartén llena de aceite hirviendo. Oviedo es pasional, a su manera. Hay días que parece que el balompié se inventó en Vetusta, los parroquianos, ya con el primer café de la mañana se rompen las camisas pasionalmente mientras explican a otros el fallo en el sistema de ayer. La pesadumbre se contagia más fácil que la ilusión, quizás por los antecedentes, por el masoquismo, por no haber logrado lo que esperábamos, o simplemente por hacernos mayores.

Dicen que con la edad nos volvemos más ariscos, está claro a nuestros pequeños no les escuchamos dudar de nuestro equipo, para ellos un jugador con la elástica azul es un superhéroe, lo que los mayores vemos con extremada crítica, ellos lo ven con la pureza de la primera vez. Aunque no tuviésemos la más remota posibilidad, aunque matemáticamente no fuese posible, un niño seguiría afirmando, al igual que ese adulto que lo que no puede pasar ha pasado y pasará, se deja llevar por el corazón.

No hace falta tirar de hemeroteca o datos para saber que los equipos que llegan en línea ascendente son los que acaban logrando mejores resultados, aquél Osasuna que se clasificó de casualidad para el play-off tras humillarnos en el Tartiere no subió por calidad, subió por una esperanza, y un sueño que se contagiaba, una comunión entre grada y césped que se dice ahora, subió por fe.

No son tantos 10 partidos para volver a ser niños, es mirar el calendario y los días parecen segundos, el guión está preparado a la perfección para un desenlace vibrante, la situación en la que se encuentra ahora el Real Oviedo es una película que muchos pagarían por ver, y volver a ser niños para verla saltando de la butaca puede ser muy bonito.

No esperemos a jugar un play-off para pedir unidad, demostrémosla ahora, ganemos el ambiente desde antes de saber si quiera la hora del resultado. La temporada pasada no había un solo partido fuera a menos de 700 km en las últimas jornadas, este año tenemos seis en el templo oviedista para empujar, y cuatro partidos fuera a una distancia máxima de 435km. Volvamos a ser niños, confiando ciegamente, da igual lo que pase, quien juegue, quien pite… esperemos a ver donde estamos tras el pitido final de la temporada. Esperemos a conocer el veredicto para hacer balance, volvamos a ser aquellos que se aferraban a las vallas del viejo Carlos Tartiere, cuando veíamos a los de azul como superhéroes que nos hacían soñar cada jornada.

OVIEDO HASTA LA MUERTE

*Fotografías compradas, pertenecientes a la colección de Real Oviedo Culture Fans para la conservación y fomentación de la historia oviedista. 

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